Archive for| the_time Maio, 2012

Unha visión de 3 mulleres de Meis de comezos do século XIX

Maio 31st, 2012  |  Published in| the_category Historia

Teresa Landín, Antonia Saborido e Carmela Dopazo, da localidade pontevedresa de Cambados denunciadas polo crego ante o xuiz Domínguez de Prado, desde

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o lugar de San Tomé de Nogueira, en outubro de 1829: “Unha parida, declara o sacerdote, outra preñada que deron a luz a tres fillos de distintos pais, causando gran escándalo e a perdición de moitos homes; e a terceira do lugar do Mosteiro, onde vive co seu mozo, tamén solteiro e da que tivo o ano pasado un fillo“. Teresa Landín dí ser de San Lourenzo de Nogueira e na actualidade (1829) veciña de San Vicente, de pai descoñecido e nai solteira (María Antonia Landín) cos que viveu con eles até os 11 anos, na que se puxo a servir: Carmela Dopazo, do lugar do Mosteiro, onde dí vivir cun mozo solteiro (José Piñeiro) do que tivo unha nena, despois de deixar a súa nai (a cal non poido enmendala por ser «toda ela un cúmulo de escándalos»): Conseguirá … Antonia Saborido: Antonia Saborido, natural de Olveira (Noia), solteira, 27 anos. Na súa declaración afirmou non saber o motivo do seu arresto. Que, en efecto, daba o peito a un neno, bautizado por Don Bernardo Bibliografía: La mujer de la orilla: visión histórica de la mendiga y prostituta en las cárceles galeras de hace dos siglos. Escrito por María Luisa Meijide Pardo. 1996 – 237 páginas

La odisea de ‘O Rancheiro’ de Meis

Maio 28th, 2012  |  Published in| the_category Historia

Artigo de Fernando Salgado (27.05.2012) no Diario de Pontevedra

Es una de tantas conversaciones que mantuvieron, el compañero de litera de Manuel Barros Chantada le comentó a éste que entre los prisioneros que compartían con ambos el Penal de San Marcos (León) se encontraba uno de la provincia de Pontevedra, llamado Secundino Enríquez Silva.
Algunos días después coincidieron los tres en la cola que formaban para coger agua en una lata. A Manuel Barros le resultó muy familiar aquella cara, la intriga empezó a roerle y no tardó en preguntarle de dónde era.
Secundino Enríquez le respondió dándole una referencia geográfica, al entender que si le indicaba su lugar de nacimiento sería incapaz de situarlo en el mapa.
Le dijo que era de un pueblo próximo a la isla de A Toxa. Entonces, Manuel Barros inició una maniobra para sonsacarlo, le comentó que había estado en ella de excursión, conocía varios pueblos de la comarca y trabajó en una cantera de Paradela (Meis).
Como seguía sin conseguir su objetivo, arriesgó más y quiso saber si el alcalde se llamaba Ramón Abal, y como la respuesta fue afirmativa, le comentó que había ido a una fiesta a Romai (Portas), donde conoció a una joven con la que se hizo una foto que le mostró.
Secundino Enríquez miró la fotografía, que había sido hecha el día 9 de octubre de 1935 en O Mosteiro, y dijo que conocía a las dos personas que figuraban en ella. Incluso agregó que el hombre era conocido por el apodo de ‘O Rancheiro’, y había participado en las peleas entre jóvenes de las parroquias de San Salvador y San Martiño, ambas de Meis.
De lo que no se percató fue de que el joven con el hablaba y el de la fotografía eran la misma persona. «Estaba muy transformado: vestía pantalón de mahón, chaqueta de lana de color gris, zapatos de color, sobrero verde y barba grande. Estaba totalmente desfigurado», explica Manuel Barros en su ‘Relato y memorias de un prisionero cautivo del régimen de facto del general Franco’.
Transcurridas dos semanas desde aquella conversación, el 24 de junio de 1939, Secundino Enríquez fue puesto en libertad. Cinco días después llevaron a Manuel Barros al monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), convertido en una prisión. Su ligero equipaje se amplió con la manta que le regaló su vecino y una tarjeta de visita que le entregó, acompañada con la solicitud de que le escribiese.
No llegó a hacerlo, pero el destino quiso que se reencontrasen.
Nacido el día 28 de octubre del año 1910, Manuel Barros se afilió a la Fraternidade Obrera de Agricultores de Meis, de ideología anarquista, en mayo de 1936. Tenía 25 años cuando estalló la Guerra Civil, y fue de los que se subió a un camión para dirigirse a Pontevedra a defender al República.
En la parroquia de Alba supieron que los rebeldes habían triunfado y, de regreso a Meis, fueron atacados por la Guardia Civil, que inutilizó el camión en el que viajaban a la altura de Curro (Barro). Se refugió en el monte hasta que fue obligado a incorporarse al ejército de Franco, como reservista, el 6 de noviembre. Antes de ir a Vigo, y después a Ferrol, recibió una brutal paliza en el Cuartel de la Guardia Civil de Cambados.

El regimiento al que pertenecía fue trasladado al frente de Asturias el 1 de enero de 1937. Pasó por Espino y Soto de las Regueras, y en una de las escaramuzas en las que se vio implicado fue herido de bala en una pierna.
Mientras combatía con los sublevados, un tribunal franquista lo juzgó por auxilio a la rebelión junto al resto de los componentes de la expedición que había intentado entrar en Pontevedra.
La indiscreción de un oficial le permitió saber que los informes del cura y los falangistas fueron determinantes a la hora de decidir su condena a muerte. Y le permitió salvar la vida.
A las 14.00 horas del 7 de octubre «me escapé. Más bien dicho, me fui a defender una bandera a la cual había jurado defender, llegando a las filas de nuestros leales a medianoche». El 9 lo llevaron a Gijón, le dieron ocho días de permiso, lo destinaron a Pola de Siero, y el 20 ya se había consumado la derrota de los republicanos.
Trató de huir a Francia por mar, para lo que embarcó en Gijón, pero tuvo que desistir a la altura de Candás porque el ejército de Franco había hundido dos barcos y el destino del que ocupaba hubiera sido el mismo. «Esta es la humanidad del fascismo», comenta.
El 23 lo detienen y lo llevan a la cárcel de El Coto (Gijón), que visitan los falangistas para seleccionar a los presos que asesinan en el cementerio. En una situación caótica, desconocen su identidad.
El día 27, un labrador de Meis llamado Manuel Barros Chantada toma una decisión: se convierte en Julián Martínez Ubilla, nacido en Santa Ana, un pequeño pueblo situado cerca de Navalmorales (Toledo), y vecino de Arriondas (Asturias).
Lo hace cuando suena la orden de que se presenten todos los gallegos para ser trasladados a Cedeira (A Coruña). Sabe que no le perdonarán si lo descubren. Escuchó que un bombardeo había destrozado Santa Ana e imaginó que los archivos habrían desaparecido. Dijo ser vecino de Arriondas porque el nombre le resultaba familiar por su estancia en Asturias.
Tuvo reflejos para esconderse cuando observó la presencia de un capitán de la brigada de la que había desertado. Tuvo que sonreir ante la cámara con un pedazo de pan y una lata de sardinas que le quitaron después de que los soldados alemanes lo hubiesen fotografiado, como a otros muchos presos, con la finalidad de fabricar unas pruebas falsas de la humanidad del franquismo para mostrar al mundo.
En León se encontró con Secundino Enríquez. Desde allí lo llevaron a Burgos y a La Muerda (Soria), donde dijo ser cantero. Aprendió el oficio durante los 42 meses en los que participó en la construcción del embalse Cuerda del Pozo. El 11 de mayo de 1942 fueron puestos en libertad los soldados de la República y regresa a Meis, donde había sido dado por muerto.
Permanece quince día escondido en su casa natal porque sabe que tiene una cuenta pendiente, y vuelve a Soria para trabajar como empleado en la empresa a la que había enriquecido haciendo trabajos forzosos. Los controles se intensifican y decide retornar de nuevo a casa.

Corre el año 1943 y comienza una etapa en la que vive escondido en la bodega y el desván. Trabaja de cantero con el material que traen sus hermanos. Por aquellos tiempos, quienes acuden a la feria de O Mosteiro se ven sorprendidos por unos impresos firmados por la Unión de Hijos Proletarios. Él es uno de los encargados de distribuirlos, además de realizar pintadas en el Concello y la iglesia.
El indulto, que le fue concedido en 1945, le permite marchar a Argentina en el año 1947.
En Buenos Aires se encuentra con Secundino Enríquez. Manuel Barros pudo explicarle que el motivo de haber ocultado su identidad fue preservar su vida en un clima de terror y traiciones, y evitar hacerlo esclavo de un secreto, además de agradecerle la manta, que hoy sería poco más que un harapo mugriento y entonces le ayudó a combatir un frío que resultó mortal para no pocos.
Poco antes de partir hacia la ciudad porteña, Manuel Barros desveló un secreto a Marino, el menor de sus cinco hermanos, del que lo separan más de 20 años y no lo reconoció cuando ambos se encontraron un día en la casa que compartían sin que el benjamín de la familia lo supiese.
A Marino le explicaron entonces que se trataba de un jornalero, para evitar que pudiese desvelar su paradero cuando aún era un proscrito. El chaval le mostró una foto de Manuel Barros al desconocido. Le dijo que era su hermano mayor, muerto en la guerra.

Diario de Pontevedra (27-05-2012)

“O Rancheiro” e a historia do silencio

Maio 27th, 2012  |  Published in| the_category Historia

Artigo do Faro de Vigo do 25 de Maio

Mario Gallego, Celso Milleiro y Xosé Manuel Moreira presentan mañana sábado “Para despois do silencio. O Concello de Meis da Segunda República á Guerra Civil”, un ensayo histórico editado por Ir Indo. La obra consta de 280 páginas y medio centenar de fotografías antiguas y cuesta 25 euros. La presentación es en la casa da cultura de Mosteiro, a las 20 horas. Actúan las cantareiras “Madia leva” y los gaiteiros de Paradela “A roda pequena”.

ANXO MARTÍNEZ – MEIS Manuel Barros Chantada tuvo que poner pies en polvorosa porque era rojo, y murió en 1986 en Buenos Aires, a casi 10.000 kilómetros de distancia de su hogar. Su hijo trasladó sus restos a Madrid, y el año pasado decidió llevar sus cenizas al cementerio de la parroquia en la que su padre había nacido: San Salvador de Meis. Se organizó un acto religioso, y a pesar de que nadie había vuelto a ver a Manuel Barros desde hacía 70 años, una multitud se congregó en la iglesia. Entre ellos, representantes de los tres partidos políticos de la corporación meisina.
Y es que O Rancheiro, sobrenombre con el que es conocido Manuel Barros, es un personaje mítico en Meis, aunque pocos jóvenes le conozcan ya. Uno de los últimos personajes revestidos de leyenda que, hasta ahora, ha dado el municipio. O Rancheiro es también uno de los habitantes de “Para despois do silencio. O Concello de Meis da Segunda República á Guerra Civil”, un libro que se presenta mañana en la casa da cultura de Mosteiro.
O Rancheiro era cantero y labrador, y nació en San Salvador, parroquia en la que se formó en la década de los 30 la Fraternidade Obreira de Labregos de Meis, una organización que tendría una influencia decisiva €aunque corta€ en la historia del municipio. Le condenaron dos veces a muerte €una el bando nacional, y otra el republicano€, estuvo huido, vagabundeó por Burgos con una identidad falsa, regresó a Meis a principios de los 40, tras la amnistía, y poco después cogió un barco rumbo a Buenos Aires.
En el exilio argentino escribió “Relato y memorias de un prisionero cautivo del régimen de facto del General Franco”, un librito de unas 30 páginas en el que cuenta sus vivencias como fuxido, pero en las que también hace un retrato de la vida de Meis en las décadas de 1910 y 1920.
El escrito de O Rancheiro está incluido en “Para despois do silencio”, una obra en la que Mario Gallego, Celso Milleiro y Xosé Manuel Moreira escriben la historia del municipio en los decisivos €y trágicos€ años de la Segunda República y la Guerra Civil. Un libro lleno de historias en las que se entremezclan heroísmo y traiciones, sueños y muerte, consignas comunistas e informes de curas, y que rescata una historia que se creía perdida en el olvido y el silencio.
Los autores explican que Meis era, en los albores de la Segunda República, un municipio eminentemente rural y ganadero en el que, elección tras elección, las derechas ganaban con holgura gracias en parte al férreo control que ciertos caciques ejercían sobre la población. Sin embargo, había un reducido grupo de vecinos que creían que las cosas podían ser de otra manera, y de hecho Meis tuvo el primer sindicato agrario de la comarca, fundado en 1897.
Este movimiento cristalizaría con fuerza a principios de la década de los 30, cuando Xosé Arribas Hermida y otros vecinos crean en San Salvador la Fraternidad Obreira de Labregos de Meis, mientras a pocos kilómetros de distancia los canteros ponían en marcha el Sindicato de Oficios Varios de Paradela e os seus contornos, de orientación anarquista, y que llegó a contar con 400 afiliados de Meis, Barro, Portas, Vilanova?
Uno de los autores del libro que se presenta mañana en Mosteiro, Mario Gallego, cuenta que la sociedad del municipio “no estaba atrasada. Estaba dormida”, y que por ello el trabajo de los sindicatos no cayó en saco roto. Entre los esfuerzos de estos por abrir los ojos de sus vecinos, y los de los políticos de la época €la cúpula del Partido Galeguista estuvo en varias ocasiones en Meis, Castelao incluido€ la conciencia social fue cambiando, hasta el extremo de que en los comicios de principios de 1936 el Frente Popular se llevó el gato al agua. “La gente se sintió libre, liberada del caciquismo”, explica Mario Gallego.
El comunista Xosé Arribas accede a la Alcaldía; Marcial Chantada €primo de O Rancheiro€ es teniente de alcalde; y el pintor Manuel Pesqueira se convierte en concejal de Educación y Cultura. Tienen en mente la modernización de Meis, y planean la construcción de escuelas, caminos y puentes… Pero no les dio tiempo a hacer gran cosa.
El 18 de julio estalla la guerra, y se inicia un nuevo ciclo. Los autores de “Para despois do silencio” explican que hubo un grupo de vecinos que acudió al consistorio con intención de mostrar su adhesión a la República. El gesto les saldría caro. Una treintena de ellos €el noventa por ciento afiliados a la Fraternidad€ son juzgados y condenados.
Entre ellos se encuentra Xosé Arribas, que acaba con sus huesos en el penal de San Cristóbal (Pamplona), en el que se produce una de las fugas colectivas más célebres de la historia de España. 800 presos escaparon de la cárcel, de los cuales 300 encontrarían al poco tiempo la muerte a manos de sus perseguidores.
Arribas fue uno de los escapados, pero le capturaron y fue juzgado en un consejo de guerra. Estuvo condenado hasta 1943, fecha en la que regresó a Meis; sometido a vigilancia durante varios años no le quedó más remedio que abandonar para siempre la lucha política y sindical. Peor suerte corrió su teniente de alcalde. Marcial Chantada estaba en el frente, combatiendo en el bando nacional, cuando llegó a manos de sus jefes un informe de un cura de Meis. Poco después fue fusilado.
También encontraría la muerte por sus ideas Francisco Castro, un zapatero de Armenteira, así como dos vecinos de Cea (Vilagarcía) que fueron asesinados y enterrados en Paradela.
Sin embargo, Celso Milleiro y Mario Gallego señalan que las consecuencias de la Guerra Civil en Meis no se limitaron a la muerte de algunos de sus vecinos, a las condenas de cárcel de otros y al exilio forzoso a Cuba y Argentina de unos pocos más.
Hubo una consecuencia mucho más sutil y duradera en el tiempo. “El silencio que siguió a la guerra en Meis fue tan grande que incluso nos hemos encontrado con hijos de represaliados que no tenían ni idea de que sus padres habían tenido una actividad política y que habían sufrido consejos de guerra”.
Por eso la obra es también una historia del silencio.

Presentación do Libro: “Para despois do Silencio, Meis da 2ª República a Guerra Civil”

Maio 19th, 2012  |  Published in| the_category Eventos

DÍA: Sábado, 26 de Maio
HORA: 20:00 h.
LUGAR: Casa de Cultura (O Mosteiro)
PRESENTA: Ir Indo Edicións
AMENIZAN: Cantareiras de Meis “Madia Leva” e Gaiteiros de Paradela “A Roda Pequena”
FALARÁN: Cristina Reboredo, Bieito Ledo, Celso Milleiro e Mario Gallego

Participa e Apoia o evento no Facebook: Para Despois do Silencio

Landín

Maio 13th, 2012  |  Published in| the_category Familias de Meis

Existe 51 abonados ao servizo telefónico na provincia de Pontevedra, 3 en Meis, 5 en Portas, 3 en

Poio, 8 en Pontevedra, 10 en Vigo, 10 en Marín e o resto espallados pola comarca do Salnés. Non é fácil dar unha orixe a este apelido que algúns sinalan unha procedencia lusa. Desde o século XVII existen persoas co apelido Landín polo actual termo municipal de Meis. En 1689 actuaba na freguesía de San Vicente de Nogueira o escribán Xoán de Landín Señoráns, unha filla entronca co Casal de Caticovas. Nesta parroquia de Nogueira é onde se fixaron os Landín de Meis, xa en 1752 atopamos como veciños a Francisco, Tomasa, Pedro, Pascual, Xosé Antonio, Xacinto e Angel Landín. Houbo casas dos Landín en San Fiz de Lois (Ribadumia) e en Tremoedo (Vilanova de Arousa), así un Brais de Landín desta casa casou con Dominga Barreiro Monterroso, a fins do XVII.

Os comuneiros alertan que o monte Castrove é un polverín

Maio 13th, 2012  |  Published in| the_category Sucesos

Na reunión mantida o pasado venres na Armenteira, os comuneiros alertaron que o monte Castrove estase a convertir nun polvorín. Discutiron tamén sobre a posíbel instalación no polígono de Meis-Barro dunha planta de Biomasa, acordando non posicionarse até ter máis datos.

Ligazóns:
Faro de Vigo

Valle-Inclán

Maio 11th, 2012  |  Published in| the_category Personaxes

Na procura da relación entre Valle-Inclán e Meis

Pola década de 1880 Ramón del Valle-Inclán, pai do escritor, pasou varias tempadas en Paradela. Alí vivía un parente de Ramón que era o párroco da freguesía.

Meis aparece constantemente na obra literaria do escritor, así a hipótese de que entre os lugares da topografía en que transcurre “Sonata de Outono” se encontran o Pazo de Pompean e a Torre de Quintáns. No libro “Aguila de Blasón y Romance de Lobos” onde o pazo de Don Juan Manuel e Dona María está situado en Lantañón.

O seu fillo Carlos Luis del Valle Inclán (1917-2006) foi soterrado no 2006 no mosteiro da Armenteira, sendo unhas das persoas que máis participou na recuperación do mosteiro que se atopaba en ruinas.

– nieto de Pedro de Bealo, que acompañó al difunto señor en la batalla de Puente San Payo. Recemos un Padrenuestro por los muertos y por los vivos. (1914) Santa María de Meis. Micaela la Galana, en el final del cuento, bajaba la voz …
– fresca y encendida como las cerezas de Santa María de Meis. Liberata la Blanca bate en un cuenco la nata de la leche, y en la rosa de los labios tiene la rosa de un cantar. Por el fondo de la era asoma un caballero cazador. …
– Nos ceñimos en el caso presente al que Valle-Inclán no pudo menos que conocer ya que linda casi con Cambados. 5 El Rey de la mascara; …
– El teniente de la Guardia Civil de Cambados, Sr. Álvarez da cuenta al gobernador en extenso oficio de las diligencias que la fuerza del instituto destacada en Meis practicó para esclarecer el crimen cometido en Leiro

Biografía na Wikipedia: Valle-Inclán

17 de Maio

Maio 11th, 2012  |  Published in| the_category Cultura

17 DE MAIO: Manifestación Nacional pola defensa da Lingua. Santiago de Compostela Presentouse en Vigo o manifesto co que Queremos Galego chama a unha “participación masiva” na manifestación do vindeiro 17 de maio O texto foi elaborado polo escritor Agustín Fernández Paz, un dos autores máis destacados e premiados da literatura galega actual Esta mañá presentouse en Vigo

o manifesto co que a plataforma cidadá unitaria Queremos Galego chamará durante as próximas semanas a unha “participación masiva” de toda a sociedade na manifestación que convoca para o próximo 17 de maio en Santiago de Compostela. A presentación tivo lugar no transcurso dunha conferencia de imprensa na que participaron o debuxante e deseñador Pepe Carreiro e a escritora Marta Dacosta, portavoces de Queremos Galego na comarca de Vigo; Carlos Callón, presidente da Mesa e portavoz nacional da plataforma cidadá; e o escritor Agustín Fernández Paz, de cuxa autoría é o manifesto. Tampouco nesta ocasión a TVG cubriu o acto. “E son xa 121 días seguidos”, contabiliza a plataforma. Reprodúcese, a seguir, o texto íntegro do manifesto presentado esta mañá: VOARES DE ESPERANZA Don Ramón Otero Pedraio, para loar o labor entusiasta da imprenta de Ánxel Casal e de María Miramontes, chamoulle a aquel obradoiro «pombeiro de voares de esperanza». Pombeiro de voares de esperanza! A frase era o tal, pois desde alí botaban a voar os libros que recollían o mellor do pensamento e da creación en galego. Aqueles non eran tempos doados, mais os azos dos homes e mulleres das Irmandades da Fala foron enchendo de luz as vilas e cidades de Galiza e conseguiron facer visible socialmente a lingua de nós. Nesas persoas están as nosas raíces, somos elos dunha cadea que vén de lonxe. Rosalía de Castro e tanta outra xente que traballou pola recuperación e o prestixio da lingua e da cultura conforman o ADN onde nos debemos recoñecer. Un ADN que ten algúns tramos da dobre hélice especialmente fértiles, coma o

das Irmandades, semente das ideas que hoxe constitúen a nosa cerna: Galiza, célula de universalidade. A vontade de sermos unha peza máis, en pé de igualdade, no mosaico mundial das culturas. Non foron fáciles as épocas pasadas e tampouco non o son os tempos que nos toca vivir. Non é preciso reiterarmos aquí as agresións destes últimos anos, cunha boa parte das elites políticas, financeiras e mediáticas obsesionadas por esborrallar os avances que traballosamente foramos acadando. O seu obxectivo: facer do galego unha lingua socialmente invisible, que permaneza recluída no gueto e non acade un uso normalizado. Que o castelán sexa a lingua por defecto e o galego, a rareza, a lingua oculta. Tratala coma un bonsai ao que cómpre retallarlle as pólas que se obstinan en medrar máis do permitido. Que ilusos! Non coñecen as palabras do sociolingüista Colin Baker: «A substitución dunha lingua non é un proceso evolutivo natural. Alí onde a xente está determinada a manter viva unha lingua, parece imposible destruíla.» Non saben que as agresións nos fan máis fortes, que nos impulsan a ampliar o tamaño da nosa esperanza, que medra en nós a vontade de construírmos espazos de encontro e mais de unión. Na súa novela 1984, George Orwell describe unha sociedade oprimida por unha minoría, onde a neolingua é o instrumento utilizado para construír a realidade deformada que lle interesa ao poder: baléiranse de significado as vellas palabras e énchense con outros que mellor conveñan. Como non lembrar a Orwell cando vemos como se retorce o significado de palabras como imposición, liberdade, bilingüe, normalización ou, ultimamente, plurilingüe? Do mesmo xeito que a Policía do Pensamento obrigaba o protagonista da distopía de Orwell a aceptar que 2 + 2 = 5, a quen controlan os fíos do poder válelles todo para ofreceren unha falsa visión da realidade. Contra as mentiras, non cansaremos de lembrar o evidente: a lingua que naceu hai máis de mil anos neste país é de todas as persoas que vivimos e soñamos nel. Tamén é das persoas que chegan a Galiza desde calquera lugar do mundo, empuxadas polo desexo dunha vida mellor, e deciden quedar aquí. E tamén, xaora, de tanta xente que ten na nosa terra as súas raíces e anda espallada polo mundo adiante, pois nós fomos –aínda o somos, e ben que nos doe- un país de emigración. Do mesmo xeito que unha planta precisa dunhas condicións ambientais determinadas para medrar, tamén as necesita unha lingua que se encontre nunha situación minorizada, como lle ocorre ao galego. Por iso urxe crear as medidas precisas facer realidade un “nicho ecolóxico” favorable á lingua. Unhas medidas nas que nunca deben faltar dúas constantes: o exemplo práctico de que o galego é útil en calquera ámbito e para todas as funcións e a vontade de crear actitudes positivas cara á lingua. Para que na sociedade non haxa cidadáns de primeira e de segunda, deben crearse as condicións para que se poida vivir en galego con normalidade. Cousa que hoxe non ocorre, como constatamos día tras día. Como ten reiterado Xabier DoCampo, «nós non mentimos». Imos sempre coa verdade por diante, conscientes da xustiza das nosas ideas e propostas. Con alegría, desmontando na práctica os insidiosos prexuízos que outros sementan na sociedade e nas familias, impulsando actividades que fagan posible vivir en galego. Porque amamos e defendemos a pluralidade lingüística, xaora que si, mais non a costa de deixar arrombada a nosa lingua no faiado. Somos conscientes do labor que nos agarda. Mais tamén sabemos que paga a pena empregar todas as nosas enerxías nel, e que non hai lugar para o desánimo. Como escribiu Bertolt Brecht, nos anos da longa noite de pedra que asolagaba Europa: «Quen aínda estea vivo non diga “xamais”. / De quen depende que siga a opresión? De nós. / De quen que remate? De nós tamén. / Pois os vencidos de hoxe son os vencedores de mañá / e o xamais convértese en hoxe mesmo.» Todas as persoas que amamos o galego temos que erguer un pombal no noso interior, un pombal do que xurdan os voares de esperanza que encherán de vida os ceos da patria da lingua que nos une.

O Xardín esquecido de Meis

Maio 11th, 2012  |  Published in| the_category Historia

El jardín olvidado de Meis Blog de Fernando Salgado 18 de Febreiro 2012 Ella nació en Hong Kong; él, en Inglaterra. Se conocieron en Sudáfrica, y hace 41 años viajaron a Galicia. Así comienza la historia de los tiempos de esplendor de la finca A Saleta, de Meis, donde crecieron centenares de variedades de arbustos y plantas. La iniciativa de Robert y Margaret Gimson transformó una granja abandonada en un paraíso. Estaba llamada a convertirse en el Jardín Botánico de Galicia, pero las administraciones no mostraron interés por la propuesta y la finca fue vendida. De aquel tiempo no queda casi nada. El último capítulo de la historia de una propiedad de la que hay constancia documental desde 1721 comienza a escribirse cuando Robert Gimson lee un libro de Nina Eption titulado ‘La costa embrujadade Galicia’. Corría el año 1958, vivía en unacasa situada en las afueras de Leicester, y estaba a punto de jubilarse. «Le impactó de tal manera que decidió ir de veraneo a aquel lugar ese mismo año», señala María Esther del Castillo Fondevila en su libro ‘La Saleta. Jardín Botánico’, editado por la Deputación en 2003, en el que se documenta este reportaje. Se embarcó con su familia en un barco que hacía la ruta entre Southamptom y las Antillas, con escala en Vigo. El primer destino fue Sanxenxo, y en los años sucesivos Galicia se convirtió en la referencia de sus vacaciones. Así, conocieron Baiona, Ferrol, Corcubión o Pontevedra. El siguiente paso fue poner un anuncio en la prensa interesándose por la compra de una casa, que coincidió con la oferta de A Saleta, en 1967. Las dimensiones de la finca, 53.000 metros cuadrados, con una vieja casa, una capilla y un palomar, excedían a sus pretensiones, pero decidieron adquirirla y durante los dos años siguientes se desplazaron desde Inglaterra trayendo plantas. Al mismo tiempo, comenzaba la reparación de la vivienda y la construcción de dos estanques. Robert se jubila en 1970. Llegan semillas procedentes de jardines botánicos y coleccionistas con los que mantenía correspondencia. Se trasladan a Meis, y dos años después finalizan la nueva vivienda. Los planes seguían el proyecto que encargado a la arquitecta paisajista Brenda Colvin. «No fue tenido en cuenta totalmente por las dificultades que suponía: sin embargo, la idea general, en lo referente a cómo integrar el nuevo jardín en el paisaje, conservando las vistas de la dis- tancia, si se llevó a cabo», precisa Esther del Castillo. El bosque de rododendros y camelios fue la primera plantación, a las que siguieron plantas procedentes de Australia. También lo intentó con vegetación sudafricana, pero no tuvo igual fortuna. Magnolios y pinos tuvieron su espacio, al igual que árboles frutales entre los que corrían los conejos. Con la proliferación de semillas australianas, Robert Gimson empezóa perder el control del aspecto del jardín en cuanto a su diseño, “no permitiendo que se podasen, pues era partidario de que las plantas creciesen libremente con sus formas y tamaños naturales”, expone. «Los veían como a dos extraterrestres », recuerda. En los primeros tiempos, los vecinos observaban, perplejos, como arrancaban los cultivos para sustituirlos por plantas a las que no le quitaban rendimiento económico y se llegó a comentar en la posibilidad de que se tratase de droga. Ninguno de los dos era católico, y cuenta Esther del Castillo que el

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primer año se negaron a acondicionar la capilla de su propiedad para la festividad de la Virgen de A Saleta. El segundo, al comprobar que se trataba de una tradición muy enraizada, accedieron. Pero también tuvieron que adornarla, y a los lugareños no les gustaron nada las flores, «porque no eran de respeto», precisa, entendiendo por esta categoría las que se compran en las floristerías, en contraposición a las usadas por los Gimson, que resultaban «demasiado silvestres». Con el paso del tiempo aprendieron el castellano, entendieron el gallego y fue creándose un cauce de comunicación en las dos direcciones que disipó los recelos iniciales de los indígenas.«Se ganaron el cariño de la gente», afirma Esther del Castillo. Margaret acabó impartiendo clases de inglés a los chavales del pueblo y el matrimonio compartió banquetes en las casas de buena parte del vecindario, lo que no dejó de crearles un problema porque para ellos la alimentación era un asunto secundario y tenían que responder a las invitaciones con la misma moneda. Robert Gimson se presenta por primera vez al Concurso Exposición de la Camelia en 1973, y desde entonces obtiene varios galardones. Catorce años después, un vendaval causa notables estragos en el jardín. Pasados unos días desde el temporal, fallece cuando se encontraba en la casa de su hija en Inglaterra. Además de la finca, en su legado también figuran varias publicaciones, y en 1994 recibe un homenaje a título póstumo en el XXX Certamen Internacional de la Camelia. Queda al frente de A Saleta Margaret Gimson, que siguió contando con la labor del jardinero de Meis Ernesto Barreiro, a quien habían contratado en 1969 para cuidar la finca. Su empeño se prolongó durante 15 años, hasta que en 1998 decidió decirle adiós y regresar a Inglaterra. «Para evitar la pérdida de su rica y variada colección, años atrás había iniciado una larga serie de gestiones con varias administraciones públicas y privadas para que pudiera llegar a ser el gran Jardín Botánico de Galicia, que no prosperaron por diferentes causas, algunas sin justificación de ningún tipo», explica Esther del Castillo. «Ante la pasividad institucional y el fracaso de sus esfuerzos, se vio en la necesidad de recurrir a varios compradores particulares, procediendo a la división de la finca en cuatro parcelas», concluye. De nada valió que varios expertos calificasen de «interesantísima la colección. Con más de 80 años, Margaret vive en una pequeña casa con jardín situada en el sur de Inglaterra, donde imparte clases de español, dedicó su libro de vivencias en A Saleta a un vecino de Meis y habla en gallego. Encuentro en África Margaret es hija de un irlandés licenciado en lenguas clásicas que trabajó en la administración de las colonias y de una galesa. A los 8 años su familia deja Hong Kong para desplazarse a Tanganika y la envía a Londres. Cuando estalla la II Guerra Mundial se encuentra en Sudáfrica, donde conoce Robert, que era capitán del Ejército en Nigeria. Se casan en Leicester, en 1943, y Robert todavía tendrá que pasar por Escocia, Cambridge, Nottingham y Palestina hasta licenciarse y retornar a la dirección de una fábrica textil en Inglaterra. Diario de Pontevedra (26-07-2009)

O estrano incendio do concello de Meis

Maio 11th, 2012  |  Published in| the_category Historia

El extraño incendio del Concello de Meis
Faro de Vigo 13 de Abril do 2012

Un fuego intencionado destruyó en 1930 casi toda la documentación municipal

El servicio técnico de Patrimonio Documental de la Diputación de Pontevedra acaba de terminar la octava actualización del archivo municipal de Meis. Un proceso que ha permitido clasificar y registrar la documentación, al tiempo que se informatizó una parte de ella. Los técnicos contabilizan algo más de 11.100 registros, y explican que casi todos son posteriores a 1930. Ese año un devastador incendio arrasó la casa consistorial y con ella casi toda la documentación. Un suceso misterioso –nunca se halló al culpable– que causó graves trastornos a vecinos e historiadores.

ANXO MARTÍNEZ – MEIS Un devastador incendio devoró en mayo de 1930 el interior del ayuntamiento de Meis. El fuego, intencionado, destruyó casi toda la documentación municipal existente en aquel momento, lo que obligó a los vecinos a recurrir a los archivos de la Iglesia, al juzgado o a instancias administrativas superiores para solicitar una simple partida de nacimiento. Con los documentos que ardieron también se perdió una buena parte de la historia de Meis. Así lo comprobaron, al menos, investigadores como Mario Gallego Rei, que cuando intentaron bucear en el pasado del municipio se encontraron con que era muy difícil encontrar nada anterior a 1930.
La Diputación de Pontevedra acaba de terminar la actualización del archivo municipal de Meis, y ha contabilizado un total de 11.137 registros. “La documentación tiene como fechas extremas los años 1912 y 2012”, explica la Diputación en un comunicado, si bien poco después admite que “la práctica totalidad” de los archivos conservados “son posteriores al incendio de 1930”.
Mario Gallego Rei, que fue hasta su jubilación profesor del colegio de O Mosteiro (Meis), y que ha publicado varios libros sobre la historia local, cuenta que el incendio fue en mayo de 1930, y que a la Guardia Civil no le cupo la menor duda de que había sido intencionado.
“Aquellos eran un años turbulentos, una época de gran confrontación social entre las derechas y las izquierdas, y en la que los sindicatos agrarios tenían mucha fuerza”, evoca el historiador. Asimismo, existía resquemor entre los vecinos de algunas parroquias. De hecho, a finales del siglo XIX las del sur del municipio –San Martiño, San Salvador y Armenteira– llegaron a solicitar a la Diputación su separación de las del norte –San Vicente, San Tomé, Paradela y San Lourenzo–. Pero los técnicos provinciales no solo no aceptaron la petición, sino que acordaron trasladar la capitalidad municipal, y con ella el consistorio, desde San Salvador a O Mosteiro. Sostenían que la solucitud de separación se debía a rencillas vecinales, y fundamentaron el traslado de la sede del ayuntamiento en que O Mosteiro era, más o menos, el centro geográfico municipal.
El Concello se instaló en lo que hoy es su ubicación actual –el lugar se conocía entonces como A Sobreira– y el incendio de 1930 fue tan terrible que calcinó todo su interior. Solo se mantuvo en pie la carcasa exterior de piedra, y durante el año y pico que duraron los trabajos de reconstrucción la actividad municipal tuvo que trasladarse a casas particulares, entre ellas la del alcalde. Mario Gallego Rei, que investigó en su día el extraño incendio, cuenta que la Guardia Civil de Cambados escribió en su atestado que no había encontrado al autor de la quema, pero que el principal sospechoso era el secretario municipal, enfrentado al parecer con los cargos políticos por cuestiones laborales.
El funcionario fue suspendido de empleo y sueldo, pero llevó el caso a los juzgados, y los tribunales le dieron finalmente la razón –no había pruebas concluyentes para acusarle–, por lo que un tiempo después regresó a su puesto de trabajo. Un capítulo poco conocido, pero apasionante, de la historia de Meis.